El director estadounidense Jim Jarmusch, de 72 años, fue galardonado con el León de Oro en el 82º Festival de Cine de Venecia por su filme Father Mother Sister Brother, una obra estructurada en tres partes que explora lo familiar desde una perspectiva universal, íntima y peculiar, según informa El país. Si bien su distintivo estilo —caracterizado por la ironía, la sutileza, la sensibilidad y la profundidad— le ha granjeado más adeptos que premios a lo largo de su carrera, este máximo reconocimiento ratifica su excepcional talento. Este fallo del jurado coincidió con el gusto de la crítica y el público, aunque el contexto geopolítico introdujo un matiz de disenso: el Gran Premio del Jurado, el segundo más importante, recayó en La voz de Hind de Kaouther ben Hania, un trabajo que reconstruye el asesinato verídico de una niña palestina perpetrado por el ejército israelí. Considerada la cinta más relevante del festival, y potentially del año, su temática la erigió en la película absolutamente definitoria del momento actual.
La ovación más estruendosa y prolongada de la gala fue recibida por Kaouther ben Hania al subir al escenario a recoger su premio. Inició su discurso declarando: "Dedico este reconocimiento a la Media Luna Roja y a todos aquellos que han arriesgado todo para salvar vidas en Gaza". Y continuó: "Aunque el cine no tiene el poder de devolverla a la vida, sí puede preservar su voz y hacer que esta trascienda fronteras. Su historia no es aislada, es la de todo un pueblo que sufre el genocidio a manos del régimen criminal israelí. Esto no se trata solo de recordar, sino de actuar con urgencia". Sus palabras se pronunciaron en un día en que, de manera simultánea, continuaba la destrucción de la Ciudad de Gaza, avanzando hacia su vaciamiento total de habitantes.
El hecho que inspiró la película ocurrió el 29 de enero de 2024, cuando tropas israelíes acribillaron un vehículo en una gasolinera al norte de Gaza. El ataque resultó en la muerte de todos los ocupantes, excepto de la más joven. Trabajadores de la Media Luna Roja consiguieron establecer contacto con un teléfono móvil dentro del coche, siendo Hind Rajab quien respondió. Durante la llamada, la niña suplicó insistentemente que la rescataran, a lo que los socorristas le prometieron hacer todo lo posible contra el tiempo y enormes dificultades. El desenlace, similar al de miles de niños palestinos, es previsible incluso para quien no esté al tanto de la noticia. Este trágico incidente, no obstante, quedó registrado en audio y en la memoria. Al escuchar esas grabaciones, Ben Hania experimentó una profunda "impotencia" y una obligación moral de construir una película a partir de ellas. La directora afirmó que la voz de Hind que se escucha en el filme es la auténtica y que representa la voz de toda Gaza. También compartió unas palabras de la madre de la niña, quien aún reside en Palestina: "Me hubiera gustado estar allí con ustedes. [...] La historia de Hind no es la única de su tipo en Gaza".

Posteriormente, fue el turno de Jim Jarmusch, quien se mostró tan peculiar como siempre, incluso al recibir el máximo galardón de su trayectoria. Entre otros comentarios, relató: "Al llegar, envié mensajes a varios amigos diciendo: 'Estoy en Venecia, un lugar misterioso, cuna de Vivaldi, Casanova o Terence Hill'". El cineasta se ha caracterizado siempre por su independencia, afirmando que de los estudios solo busca financiación, reservándose para sí mismo el control creativo. Esta postura podría explicar por qué los premios Oscar también le han ignorado con frecuencia. Aunque había obtenido premios en Cannes, nunca antes había logrado un reconocimiento de tal envergadura, y lo hizo con una película que, según sus propias palabras, se mantuvo muy fiel a su idea original.
Father Mother Sister Brother presenta tres capítulos delicados y tiernos sobre padres, madres, hermanos e hijos. Sobre rencores y afectos, inseguridad y presión, abrazos y distancias. Ni siquiera la película habla mucho: Jarmusch lo dice casi todo con imágenes y silencio. Incluso en su discurso terminó perdiéndose las palabras. Antes dejó claro: "El arte no tiene que ocuparse de política directamente para ser político. Puede generar empatía y conexión entre nosotros, que es el primer paso para resolver las cosas". En la rueda de prensa posterior, el director aclaró que no dejará que Father Mother Sister Brother pueda verse en "ninguna organización" que reciba financiación del Gobierno israelí, a la vez que acusó a Estados Unidos de contribuir a financiar la destrucción en Gaza.
La ceremonia de premiación estuvo marcada por varias decisiones sorpresivas. La más llamativa fue probablemente la concesión del premio a la Mejor Dirección a Benny Safdie por The Smashing Machine. Si bien es encomiable apoyar a un cineasta que debuta en solitario tras haber trabajado siempre en duo con su hermano, este reconocimiento resulta cuestionable al considerar que competía contra la demostrada pericia de directoras y directores como Kathryn Bigelow (Una casa llena de dinamita), Yorgos Lanthimos (Bugonia) o Park Chan-wook (No Other Choice). Incluso dentro de la propia trayectoria de Safdie existen ejemplos de una dirección más destacada, como su aclamado trabajo en Diamantes en bruto. The Smashing Machine relata la historia verídica de Mark Kerr, campeón de artes marciales mixtas en los años noventa —un deporte donde convergen diversas técnicas de lucha—, y aspira a trascender la biografía deportiva para reflexionar sobre las victorias y derrotas en la vida, el dolor, el perdón, y la idea de que las batallas cruciales se libran fuera del ring. Sin embargo, tanto la temática como el tratamiento visual que Safdie le otorga resultan convencionales. Un enfoque que parece diseñado para triunfar en Hollywood, pero que decepciona por su falta de audacia en un festival consagrado al arte cinematográfico como Venecia.

Paolo Sorrentino, cuyo filme La gracia (con dirección, guion, intérpretes y música de primer nivel) era un firme candidato al León, tuvo que conformarse con la Copa Volpi al Mejor Actor para su habitual colaborador Toni Servillo. Fue el enésimo reconocimiento para el intérprete en su séptimo trabajo con el director.
Servillo no solo agradeció a Sorrentino desde el escenario ("he intentado servirte, dentro de los límites de mis capacidades"), sino que también dedicó unas palabras de admiración "a quienes se han echado a la mar para alcanzar Palestina, para llevar una señal de humanidad en una tierra donde la dignidad humana se vilipendia a diario", en referencia a la flotilla civil con rumbo a Gaza.
En la película, Servillo da vida a Mariano de Santis, un presidente italiano apodado "Hormigón Armado" por su solemnidad y entrega a las instituciones, un modelo de seriedad que Sorrentino echa de menos. La cinta muestra, sin embargo, que incluso un hombre así puede llegar a sentirse ligero, una sensación que contagió al público de la inauguración.
En las antípodas de ese personaje presidencial se encuentra la protagonista de The Sun Rises on Us All, de Cai Shangjun, cuya existencia está sepultada bajo un cúmulo de preocupaciones: un embarazo que no prospera, una tienda que no despega, un amante que no deja a su esposa y, de golpe, un exmarido que reaparece para hundirla aún más. Tras plasmar tanto dolor en la pantalla, la intérprete Xin Zhilei obtuvo su recompensa: la Copa Volpi a la Mejor Actriz. Además del galardón, se llevó un trofeo de humildad: su primera acción al subir al escenario fue presentarse con nombre y apellido ante el público. También demostró una tenacidad encomiable, ignorando por completo la música de cortesía que intentaba apresurarla; se quedó el tiempo que consideró necesario para dar las gracias. Contó que había soñado durante mucho tiempo con un momento así, llegando incluso a ser objeto de burlas por ello. La risa final, sin duda, fue la suya.El guion reconoció a Valérie Donzelli y su coautor Gilles Marchand, por A pied d'oeuvre. Y, con ellos, a otra conversación que atravesó todo el festival: sobre la estupidez humana o, viceversa, la astucia del capitalismo. En el filme, basado en la novela homónima superventas en Francia de Franck Courtès, un fotógrafo de éxito lo deja todo por hacerse escritor. Aunque termina más bien atrapado en un sinfín de trabajillos como manitas y en el algoritmo de la plataforma que se los proporciona. Pierde dinero, salud, pero también estatus: ni su propia familia quiere por igual al viejo triunfador que al actual derrotado. Ciertamente, el guion supone lo más destacado de la película bastante convencional. Otra cosa es que fuera el mejor del certamen.

De los esquemas, en cambio, Gianfranco Rosi sale casi siempre. Hasta el punto de ofrecer una visión inédita incluso de Roma, la Ciudad Eterna: Sacro GRA obtuvo el León de Oro en 2013. De Nápoles también se ha dicho todo y lo contrario. Pero, una vez más, el documentalista italiano se las ha apañado para narrarla a su manera en Sotto le nuvole (Bajo las nubes). Por eso el jurado le reservó una mención especial. Respecto a su agradecimiento improvisado hace años, ahora trajo un discurso preparado: dedicó el reconocimiento al cine de no ficción y a quien lo filma. Él se pasó tres años con Sotto le nuvole. Por supuesto, aparecen el Vesubio, Pompeya, la célebre bahía, la belleza inaudita, la espontaneidad y el caos. Pero Rosi lo narra a través de bomberos, arqueólogos, saqueadores de tumbas o quienes les dan la caza. Una mirada en blanco y negro y, sobre todo, única.
Aunque Luna Wedler celebrará su vigésimo sexto cumpleaños dentro de seis semanas, la Mostra de Venecia quiso adelantarle su obsequio concediéndole la Copa Marcello Mastroianni a la mejor actriz emergente por su trabajo en Silent Friend, de Ildikó Enyedi. El filme, que examina la importancia de las plantas a través de tres narratives desarrolladas en una misma universidad alemana pero en épocas diferentes (1908, 1972 y 2020), tiene a Wedler como protagonista del segmento histórico más antiguo. En él, personifica a la primera mujer admitida en dicha institución: una joven extraordinariamente capacitada que debe enfrentarse no solo a un examen académico, sino también a la férrea oposición del patriarcado, logrando finalmente hacerse fotógrafa. La actriz demostró su valía sobre el escenario, aunque la emoción del momento le jugó una mala pasada haciéndole olvidar el discurso que tenía preparado, por lo que optó por improvisar una larga lista de agradecimientos. Su performance sugiere que es una talentosa profesional a la que merece la pena seguir la carrera.
La sección Horizontes también tuvo sus galardonados. En el camino, del mexicano David Pablos, se alzó con el premio a Mejor Película, mientras que Hiedra, de la ecuatoriana Ana Cristina Barragán —una coproducción con España—, fue reconocida con el premio al Mejor Guion. Por su parte, el premio del público Armani Beauty coronó a Calle Málaga, de la directora marroquí Maryam Touzani, un éxito al que sin duda contribuyó la extraordinaria interpretación de la española Carmen Maura, a sus 79 años.
La entrega de este último galardón estuvo precedida por un homenaje al diseñador Giorgio Armani, fallecido a los 91 años y cuyo nombre lleva el premio. Al subir al escenario, Touzani también recordó su propio duelo reciente, la pérdida de su madre, para acto seguido denunciar la masacre que sufre diariamente Palestina y pedir su fin. Este mensaje de condena no fue aislado; antes y después que ella, una buena parte de los ganadores lo reforzó desde la plataforma del festival. Fue un consenso espontáneo y unánime, sellado cada vez con aplausos. Sobre un palmarés pueden existir visiones distintas, pero ante una matanza, no.