El Picasso íntimo emerge en la Galería Gagosian de Nueva York
La Galería Gagosian de Nueva York exhibe desde el 18 de abril una muestra de Pablo Picasso que permanecerá abierta hasta el 3 de julio. "Picasso tête-à-tête" presenta más de cincuenta obras, muchas de ellas nunca mostradas al público, procedentes principalmente de la colección personal de su hija Paloma Picasso, informa EFE.
La exposición, que abarca creaciones realizadas entre 1905 y 1972, incluye esculturas, dibujos, pinturas al óleo y un conjunto de muñecas pintadas que el artista confeccionó para Paloma cuando ella tenía apenas tres años.
Lo que distingue esta muestra, distribuida en tres salas separadas, es su disposición: las obras no siguen un orden cronológico, sino que se presentan mezclando periodos y estilos, estableciendo un diálogo entre ellas que el visitante debe descifrar por sí mismo. Reforzando esta intención, los cuadros y esculturas carecen de rótulos o textos explicativos junto a las piezas, aunque se ofrece una hoja informativa aparte para quienes deseen consultar estos datos una vez establecida su propia interpretación.
Esta particular organización pone de relieve la diversidad estilística que caracterizó la obra de Picasso a lo largo de décadas en las que transitó numerosas corrientes del arte contemporáneo. Como señaló el propio artista en 1963, en una cita elegida por Gagosian como introducción a la muestra: "Probablemente, soy un pintor sin estilo. Cambio demasiado, me muevo sin parar. Me ves aquí y ya he cambiado, ya estoy en otra parte. Nunca me quedo en un lugar y por eso no tengo estilo".
Este diálogo entre obras dispares no es casual. Ya en 1932, el propio Picasso había experimentado con este enfoque, desafiando al espectador a descubrir vínculos más o menos evidentes entre sus creaciones. En esta ocasión, ha sido Paloma Picasso quien ha aportado de su colección personal gran parte del material expuesto, piezas que en muchos casos no habían sido exhibidas públicamente durante décadas.
La exposición dedica especial atención a las obras que tienen a Paloma como protagonista. Estas incluyen tanto retratos convencionales como piezas más íntimas y entrañables: una colección de "muñecas Paloma" fabricadas en madera, cartón o lana pintada, reunidas para la muestra en un conjunto que semeja una extraña familia.
La exposición también presenta los óleos donde Picasso se autorretrata junto a una modelo en actitud agresiva, creando una inevitable confusión artístico-sexual, así como los dos cuadros titulados El beso, donde el acto romántico se transforma en un encuentro casi salvaje.
Predominan los retratos femeninos individuales, algunas mujeres identificadas con nombre propio y otras anónimas, representadas de pie, sentadas o acostadas. Este recorrido permite al visitante seguir la evolución del incansable Picasso, desde una delicada Olga de hechura clásica (1923), sentada en un sillón, hasta Jacqueline, otra modelo sentada retratada en 1962 mediante figuras cubistas en blanco y negro.
La muestra se completa con bustos en bronce, bodegones cubistas y autorretratos, ofreciendo múltiples pistas para descubrir las mil y una caras de este "artista prometeico", como lo define la galería Gagosian.