El Museo del Prado de Madrid alberga más de 8.000 obras maestras del arte europeo, entre ellas El jardín de las delicias (1490-1500) de Hieronymus Bosch, conocido también como El Bosco. Detrás de sus escenas se esconde una historia marcada por la venganza, el expolio y sucesos dignos de una novela histórica, señala El País.
La obra se divide en tres paneles que representan una evolución narrativa: a la izquierda el Paraíso con Adán y Eva en el Edén; en el centro, que da nombre a la pintura, una multitud entregada a placeres terrenales y lujuriosos; y a la derecha, una visión del Infierno con grotescas escenas de sufrimiento y castigo eterno.
La llegada de El jardín de las delicias al Museo del Prado en 1933 fue el último capítulo de un largo periplo iniciado cuatro siglos antes. En 1568, el duque de Alba confiscó la pintura en un acto de venganza contra Guillermo de Orange, líder rebelde de los Países Bajos. La obra, que pertenecía a la familia Nassau, relacionada con el rebelde, fue arrebatada de su ubicación original en Bruselas mediante métodos extremos. Según registros históricos, el conserje Pieter Col, quien custodiaba la obra, sufrió terribles torturas para revelar su paradero.

Tras la confiscación, el tríptico pasó primero al duque de Alba y posteriormente a su hijo ilegítimo, el prior don Fernando de Toledo. En 1593, Felipe II, admirador de El Bosco, adquirió la obra en una subasta de la familia Toledo y la trasladó al monasterio de El Escorial, donde permaneció durante siglos hasta su traslado definitivo al Prado.
Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Murcia revela que los visitantes del museo dedican una media de cuatro minutos a contemplar El jardín de las delicias, considerablemente más tiempo que el dedicado a otras piezas de la pinacoteca. Este fenómeno genera lo que los expertos denominan las "mayores congestiones" dentro del museo. Miguel Falomir, director del Prado, ha señalado que este tríptico es el centro de atención del museo, con una sala frecuentemente abarrotada de visitantes ansiosos por descifrar sus misterios y apreciar los detalles de la pintura.
El Museo del Prado decidió celebrar el 5 de abril como el "Día de Jheronimus van Aken", fecha de la primera mención documentada del pintor flamenco. Paralelamente, la Real Academia Española (RAE) considera incluir el término "bosquiano" en su diccionario, similar a términos como "picassiano" o "velazqueño", para otorgar mayor visibilidad al legado del artista.