La cinta elegida para abrir el festival fue La Grazia, de Paolo Sorrentino. La noche inaugural contó con figuras como Werner Herzog —galardonado con el León de Oro a la Trayectoria— entregado por Francis Ford Coppola, y la anfitriona Emanuela Fanelli comandando la ceremonia .
El festival mantiene una tradición curiosa: el "Standing‑O‑Meter", que mide en minutos la duración de las ovaciones de pie. En esta edición, Jay Kelly encabeza con 9,5 minutos de aplausos, seguida por Bugonia (6,28 min), After the Hunt(5,75 min) y La Grazia (5,17 min). Aunque esta métrica no garantiza premios posteriores, funciona como termómetro de recepción emocional en la Mostra.

En la alfombra roja, Julia Roberts midió su llegada con un toque de ironía: lució un cardigan con el rostro de Guadagnino estampado, un guiño a la "method dressing" y al cineasta italiano con el que comparte proyecto. Junto a ella desfilaron nombres como Emma Stone, Idris Elba, Jude Law y Jacob Elordi, simbolizando la convergencia de los grandes nombres del cine global.
El festival también fue escenario de tensiones políticas crecientes: protestas en bote en contra de los conflictos en Gaza y cuestionamientos sobre la neutralidad del certamen frente a figuras asociadas a posiciones controvertidas han marcado parte del ambiente.
Desde premières con oscarización en mente, hasta debates éticos, pulsos cinematográficos y gestos activistas, esta edición se perfila como una de las más memorables de los años recientes.

Películas destacadas
Entre las películas más esperadas del año se encuentran:
Frankenstein (Guillermo del Toro)
El regreso del cineasta mexicano con su adaptación de Frankenstein tiene a Oscar Isaac como Víctor Frankenstein y Jacob Elordi encarnando a la criatura. El propio del Toro afirma haber trabajado en este proyecto durante 30 años y lo define como "profundamente personal" y emocionalmente extenuante. Apunta con fuerza a convertirse en serio contendiente en la carrera hacia el Óscar.

Jay Kelly (Noah Baumbach)
Protagonizada por George Clooney y Adam Sandler, esta pieza meta‑dramática reflexiona sobre la fama, la culpa y la soledad en el mundo del cine. Es uno de los títulos más esperados y uno de los que ha encendido energías entre el público y la crítica.
After the Hunt / Caza de brujas (Luca Guadagnino)
Con Julia Roberts como protagonista, este thriller moral sobre el consentimiento en el contexto académico ha generado un intenso debate ético. Su estreno fuera de competencia ha provocado reacciones apasionadas y reflexiones profundas sobre justicia, poder y revictimización.
The Wizard of the Kremlin (Olivier Assayas)
Una mirada audaz y provocadora a la figura de Vladimir Putin, interpretado con energía por Jude Law. Esta pieza política y cinematográficamente potente reafirma la vigencia de Assayas como cronista del presente.

A House of Dynamite (Kathryn Bigelow)
La realizadora estadounidense regresa a la gran pantalla después de una pausa de ocho años con una historia intensa y cargada de tensión política. Su presencia en Venecia consolida nuevamente su estatura como directora comprometida con temáticas contemporáneas urgentes.
No Other Choice (Park Chan-wook)
El maestro coreano del thriller presenta una obra interruptora sobre un hombre desempleado que se convierte en asesino serial en una historia cargada de dilemas morales y violencia social, basada libremente en su propio guion de 2009.
Silent Friend (Ildikó Enyedi)
Una colaboración internacional entre Tony Leung y Léa Seydoux, entrelazando historias ambientadas en tres épocas distintas. El simple cruce de estas dos grandes figuras ya hace del filme una de las apuestas más intrigantes.
The Voice of Hind Rajab (Kaouther Ben Hania)
Drama franco‑tunecino basado en hechos reales, que relata la muerte de una niña palestina durante la guerra en Gaza. Producción urgente, emotiva y cargada de relevancia política; ya está nominado al León de Oro.

Secciones paralelas: expansión de la narrativa contemporánea
El Festival de Venecia no se limita a su competencia principal. Varias secciones independientes aportan frescura y pluralidad al evento:
Orizzonti: dedicada a los nuevos lenguajes del cine mundial, presenta títulos que desafían formatos convencionales. Aquí compiten películas como The Ivy (Ecuador-México) y The Souffleur (Argentina), entre otras.
Venice Spotlight: sección que pone en relieve joyas de autor fuera de competencia. Este año incluye It Would Be Night in Caracas (México-Venezuela) y A Loose End (Uruguay-Argentina), poniendo el foco en voces latinoamericanas con fuertes raíces regionales
Otras secciones esenciales como Biennale College Cinema, Venice Classics, y Venice Immersive —esta última explorando la convergencia entre cine y realidad extendida (XR)— amplían el panorama del festival . Además, las secciones autónomas, como la Settimana Internazionale della Critica y Giornate degli Autori, seleccionan películas según criterios propios, aportando un contraste editorial al programa oficial.
Cine latinoamericano: una presencia estratégica
Este año marca un importante salto en la visibilidad latinoamericano en Venecia:
El portal Cinema Tropical destaca cómo el cine latinoamericano goza de "un nivel modélico de visibilidad", con voces consolidadas y emergentes que reflejan la riqueza del continente.
Lucrecia Martel, una de las figuras más aclamadas del cine argentino, presenta su nuevo filme Landmarks en la competencia principal. Mientras, Argentina también está representada con The Souffleur y Pin de Fartie en la sección Orizzonti.

En Orizzonti también destaca The Ivy, una coproducción entre Ecuador y México, que promueve el talento cinematográfico regional desde perspectivas contemporáneas.
En Venice Spotlight, la presencia latinoamericana persiste mediante It Would Be Night in Caracas (México-Venezuela) y A Loose End (Uruguay-Argentina), consolidando el protagonismo de narrativas latinoamericanas en diferentes marcos del festival.
Tensiones políticas
Esta 82.ª edición está marcada por un clima político que se filtra inevitablemente en la alfombra roja y en las salas de proyección. A pocos días de la inauguración, grupos de activistas organizaron manifestaciones acuáticas en la laguna veneciana, exigiendo mayor visibilidad para la situación en Gaza y denunciando lo que consideran una neutralidad cómplice del certamen frente a los crímenes de guerra en curso. Estas acciones no solo pusieron en evidencia la creciente intersección entre arte y política, sino que también tensionaron la imagen de un festival que aspira a ser escaparate global de la libertad creativa.
La presencia de ciertos filmes con fuerte carga política amplificó el debate. The Wizard of the Kremlin de Olivier Assayas, inspirado en la figura de Vladimir Putin, fue leído como un espejo incómodo del presente geopolítico, mientras que The Voice of Hind Rajab, de la tunecina Kaouther Ben Hania, reabrió la discusión sobre el papel del cine en la denuncia de violencias bélicas recientes.