“El coso”, documental sobre Federico Peralta Ramos, el dadá argentino

Dirigido por Néstor Frenkel, acaba de aparecer el documental que aborda la vida y la obra de uno de los personajes más enigmáticos, eclécticos e incomprendidos del arte argentino.
“El coso”, documental sobre Federico Peralta Ramos, el dadá argentino

“Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transformó en mi estilo”, dijo en más de una oportunidad Federico Peralta Ramos, hoy una leyenda. Nacido en 1939 en Mar del Plata en el seno de una familia tradicional, se transformó en “una anómala criatura del patriciado porteño”, al decir de algunos medios de prensa.

Recorrió los círculos artísticos del Buenos Aires de los años 60, vanguardistas, provocadores e iconoclastas. Transitó todos los géneros: pintura, escultura, poesía, teatro, show, comedia y filosofía. Muchos lo consideran el precursor del arte performático en la Argentina. Y mientras en el ámbito cultural lo veían como un “ocurrente”, sin tomarlo demasiado en serio, Federico se divertía, jugaba y ejercitaba el cinismo ante la rigidez de las instituciones de la cultura.

Federico Peralta Ramos y Marta Minujín. Dos leyendas. Archivo

Fue parte de la generación del Instituto Di Tella, junto a Marta Minujín, Alberto Greco, Edgardo Giménez, Dalila Puzzovio, Jorge de la Vega y tantos otros nombres míticos. En 1965 ganó el Premio Nacional Instituto Di Tella con una escultura que representaba un huevo gigante, de yeso y madera, titulada Nosotros afuera. Recibido el premio, la destruyó a hachazos.

Federico Peralta Ramos y su escultura Nosotros afuera. Archivo

En 1968 ganó la célebre y apetecida Beca Guggenheim con la propuesta de fabricar un inflable gigante que recorriera el mar. No dudó en gastar hasta el último dólar en una comida para 25 personas en el Alvear Palace Hotel, a la que llamó “La última cena”, y en algunas otras cosas. Generado el escándalo, cuando la Fundación Salomon Guggenheim le exigió que devolviera el dinero del premio, con asombrosa pulcritud justificó conceptualmente su acción en una carta formal, que incluía los detalles del costo de la cena y otros ítems, como una fiesta en la entonces legendaria boite “África”, dos trajes a medida, la cancelación de deudas por una exposición y la compra de obras a tres artistas amigos. Una operación que hoy sería vista como una acción performática y asimilada con normalidad. “Me impulsó la convicción de que 'la vida es una obra de arte', por lo que en vez de 'pintar' una comida, di una comida...”, decía. Asimismo, “Mi carta es un homenaje a la libertad. Una organización de un país que ha llegado a la luna que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma como yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro”.

Carta de Federico Peralta Ramos a la Fundación Guggenheim. Archivo

La Fundación entendió, en definitiva, el gesto de Peralta Ramos, dejó de exigir la devolución del dinero y cambió su reglamento. A partir de entonces, los artistas no deberían rendir cuentas del uso de la plata de la beca. La carta de Federico está hoy expuesta en Nueva York, en la sede de la Fundación.

Finalmente, todo bien en el mundo del arte. Pero cuando sus “performances” incursionaron en otros ámbitos, y más precisamente en uno muy caro a la élite ganadera argentina, las cosas no fueron tomadas a la ligera. En una subasta de la Sociedad Rural, Federico levantó la mano ofertando por un toro campeón, y ganó, sin tener un centavo para pagarlo. “Solo quería exhibirlo como una obra de arte ”, dijo cuando fue increpado. Pensaba exponerlo en el Instituto Di Tella junto a una pila de dólares. Pero las explicaciones no bastaron. Su padre lo mandó internar en un hospital neuropsiquiátrico. Algunos dicen que lo hizo movido por la furia, y otros, que fue una maniobra para no pagar la compra del hijo y evitar que este fuera preso. Al poco tiempo, Federico estaba organizando con los pacientes el “Primer festival del mate cocido”. La temporada de encierro fue corta y productiva.

En 1970 el sello CBS lanzó un disco suyo con solo dos temas: "Soy un pedazo de atmósfera" y "Tengo un algo adentro que se llama coso". Federico eligió distribuir las copias en farmacias. También participó en varios ciclos del programa del humorista político Tato Bores, donde solía decir “Soy una estrella porque salgo de noche”.

Federico Peralta Ramos en el programa de Tato Bores, de alto rating. Archivo

Su obra comenzó a ser estudiada y revalorizada en los últimos años. El MALBA le dedicó una importante muestra en 2015, curada por Chus Martínez, y Esteban Feune de Colombi publicó una “biografía coral” del artista titulada Del infinito al bife. Definido por María Gaínza como “el Marcel Duchamp porteño" y “el único dadá argentino”, fue en realidad uno de los primeros en proceder a la "desmaterialización del arte” que se verificó en las últimas décadas.

Federico Peralta Ramos creó la “Religión gánica”, cuyos mandamientos son hacer siempre lo que uno tiene ganas, creer en el gran despelote universal, no mandar, no endiosar nada, regalar dinero y dejar tranquilo a Dios. Murió en octubre de 1992, de un infarto fulminante, mientras cantaba en el Café Mozart.