El certamen tiene como objetivo promover los procesos de investigación y de creación de artistas mujeres en el contexto del arte actual. La convocatoria, realizada para las categorías Artesanía y Artes visuales, incluyó diversas disciplinas: dibujo, pintura, grabado, cerámica, escultura, fotografía, instalaciones, nuevos medios, medios mixtos, performance, video art, net art, diseño y arte sonoro, además de todas las vertientes artesanales, con tema completamente libre.
El jurado estuvo integrado por Alejandra Claros Borda (Bolivia), Secretaria General de CAF; Adriana Almada (Paraguay), curadora, escritora y crítica de arte; Lorena González Inneco (Venezuela), curadora y dramaturga; Amanda Carneiro (Brasil), curadora; y Nury González (Chile), artista visual y docente.
A continuación, las obras ganadoras y mencionadas y las consideraciones del jurado al otorgarles las distinciones correspondientes.
En la categoría Artesanía, el primer premio fue otorgado a Eusebia Garcete por su obra Tetã Ñemonde, "una obra que condensa con delicada maestría el saber tradicional y la precisión técnica en cada hebra, generando un proceso complejo que transita desde la siembra del algodón hasta el diseño final, para convertirse en gesto artístico, uniendo al compromiso territorial la fuerza del acto poético".

El segundo premio en esta categoría correspondió a Norma Martínez por Karãu, trabajo que "conjuga dominio técnico, memoria colectiva y sensibilidad simbólica, donde la presencia de la marca autoral, revela una mirada propia que reinterpreta y posiciona al ñandutí como un gesto estético profundamente contemporáneo".

La mención de honor fue para Leila Buffa por Memoria corrugada, "propuesta que resignifica tecnologías ancestrales a través del oficio y la conciencia del mismo como gesto expresivo, donde la cerámica utilitaria se convierte en acción para la memoria, la relectura territorial, la visibilidad y el vínculo sensible del legado de las mujeres guaraníes".

En artes visuales, Claudia Suárez obtuvo el primer premio con Sin título, obra que el jurado valoró por estar "en relación directa con los peligros del contexto, aviva a través del uso de recursos mínimos, la potencia simbólica de un trazo firme, capaz de transformar las posibilidades del gesto gráfico en metáfora, dando forma a una mirada situada que interpela la relación entre paisaje, memoria y pertenencia desde una sensibilidad privada y colectiva, profundamente anclada en el necesario llamado sobre las problemáticas del presente y sus fisuras".

Valentina Coscia recibió el segundo premio por La que se alza, trabajo que "irradia una gran fuerza simbólica de carácter transversal, donde la materia, trabajada mediante el ejercicio de la cerámica vista como transformación, se convierte en una afirmación tan contemporánea como ancestral, que destaca una voz singular proyectada en los despliegues de una práctica íntima, sostenida y en expansión".

Las menciones de honor en esta categoría fueron para Mayeli Villalba por Akãchara, obra que "transforma la memoria corporal en archivo vivo, donde el video y la performance se entrelazan para resignificar en las tramas actuales la herencia afro, desde una discursividad visual y poética que decanta en manifiesto político y pertinencia simbólica", y para María José Fiorio por Contra mensura, trabajo que "interroga con lucidez crítica los regímenes estéticos normativos, a través de un cuerpo expandido que se resiste a ser medido, corregido o domesticado, articulando tecnología, memoria y materialidad en un inquietante ejercicio visual".


