Catalina Pereira nació en Ybycuí el 13 de febrero de 1942. Vivió en Concepción, Buenos Aires y Asunción, donde estudió guitarra en la Escuela de Bellas Artes y luego se perfeccionó con maestros particulares.
Además de la guitarra, ejecutaba también batería, órgano y bajo. En la década del 70 fundó Estrellas Femeninas del Jazz y California Super Star, bandas conformadas solo por mujeres. Su irrupción en la escena musical en tiempos de la dictadura marcó un hito.
Catunga es autora de las canciones “Hoy y siempre”, “Un sueño y nada más”, “Volverás otra vez”, “Verano feliz” y "Mi amor por ti no cambiará", entre otros temas. Entre las décadas del 60 y del 90 actuó con la banda en festivales de Bolivia, Argentina, Brasil y Uruguay. Con California Super Star continuaba actuando en bares y eventos nocturnos de Asunción hasta hace unos años, junto a Reina Basualda, Pamela Redentora, Lucero Olazar y Noemí Velázquez, con shows que integraban ritmos de cumbia, rock, polca, guarania, chamamé y bolero.
En su libro Tengo un tema. Una historia sobre el rock en Paraguay, el periodista Sergio Ferreira le dedica varios párrafos, que a continuación reproducimos:
“En Trinidad estaba el restaurante El Fergal, donde tocaba la orquesta Las Estrellas Femeninas del Jazz, que luego se convirtieron en California Superstars, siempre bajo el liderazgo de Catalina 'Catunga' Pereira. Claro, estos espacios no eran precisamente progresivos, pero sí que formaban parte del under asunceno, eran lugares donde se tenía una sensación de libertad.
“Nunca más encontré un lugar con esa onda en Asunción. Todo era tan auténtico, nada careta. Todos los personajes que asistían eran auténticos”, recuerda Tommy Centurión, tecladista de Los Hobbies, acerca de El Fergal. “Catunga tenía una onda Santana con su guitarra, y recuerdo que, sin el más mínimo pudor, le bajaba en el escenario kamambu de caña directo de la botella, tipo cowboy. ¡Era genial! El grupo tocaba de lunes a lunes en la parrillada Fergal, que se llamaba así porque sus propietarios se apellidaban Fernández y Galli. Estaba cerca del Botánico, ya casi en la zona de Blanco Kue. Los domingos por las noches que no teníamos actuaciones, íbamos con la perrada de Los Hobbies a disfrutar de la onda de Catunga”, cuenta Tommy.
“Catunga es una figura mítica que no pertenece a los círculos comerciales de la música ni de los centros nocturnos dirigidos a una clase de alto poder adquisitivo, sino de una Asunción que ha desaparecido sin dejar huellas en el rápido deterioro que han sufrido sus barrios, que entonces estaban hechos no solo para que habitase la gente, sino también para que fueran disfrutados de manera abierta y libre”, recuerda el periodista Jesús Ruiz Nestosa, un habitué constante de El Fergal en los años setenta.
“La sola mención de Catunga provocaba un griterío ensordecedor por parte de los parroquianos y silbidos de aprobación. La popularidad de la que gozaban era entusiasmante, fruto de la espontaneidad, no del marketing. La noche comenzaba con ellas y la gente se quedaba hasta su segunda y última presentación. Su nave insignia era El Rock del abecedario”, menciona Ruiz Nestosa.
Las redes sociales se hicieron eco de su muerte. El escritor Bernardo Neri Farina publicó en su perfil de Facebook: “Murió Catunga. En los años 70 desmontó con personalidad y coraje los paradigmas machistas que existían en el mundo de los grupos pop en nuestro país y creó su propia orquesta de mujeres. Al comienzo, las miraban con un dejo de sorna a ella y sus chicas, pero no tardó en lloverles el respeto por su dación profesional en la música. El tiempo convirtió a Catunga en una querida leyenda. Valió, Cata, valió”.
Su velorio se lleva a cabo en la que fue su casa, en San Lorenzo, en Coronel Morales y Emiliano R. Fernández.