"Barrunto": La ruina, el intelecto y el filo de la memoria
"Es un error suponer que las cosas son reales (...).
Todo se tambalea, todo está a punto de derrumbarse.
Si no se ha caído todavía, pronto lo hará. El tiempo es el único juez."
— Paul Auster, El país de las últimas cosas.
La experiencia de ver Barrunto no nació de un vacío, sino de una conversación. Si bien mi formación proviene de las Artes Visuales, la urgencia de escribir sobre esta obra trasciende las disciplinas, más aún cuando el contexto político nos asfixia. Fui a verla atravesado por la reciente coyuntura política y las declaraciones de José Duarte Penayo, actual titular de la ANEAES. Sus expresiones, en las que aludió a una supuesta cualidad 'más benigna' de la dictadura de Stroessner en comparación con otros periodos, nos obligan a preguntarnos: ¿Tiene la muerte grados? ¿Es el 'te amo' una medida lógica cuantificable?
Barrunto nos recuerda que el dolor y la violencia no se miden: se sienten. Y nos confirma que compartimos con Argentina no solo matices dictatoriales históricos, sino cicatrices vivas.
La obra, escrita por Mario Arrieto, nos presenta a Selene (encarnada inicialmente con una actitud afable por Noelia Ibarrola), encargada de servicio al cliente en una posada. El montaje es un acierto estético punzante: un depósito del viejo edificio Staudt.
Paradójicamente, el espacio albergaba una muestra fotográfica de las ruinas de Asunción. Esta coincidencia dialoga con el epígrafe de Auster: todo se tambalea. Las ruinas arquitectónicas de nuestra ciudad son el reflejo exacto de nuestras ruinas morales e institucionales; un paisaje donde el peligro acecha detrás de la descomposición del entorno.
La tensión central de la obra me remite inevitablemente a "El viajero y una de sus sombras", donde Victoria Ocampo narra su profunda desilusión al conocer al filósofo alemán Hermann Keyserling. Ella esperaba un ser espiritual y se encontró con lo que describió como un comportamiento cuasi bestial. La violencia de Keyserling no fue física, sino epistémica: al decirle "Usted es una cosa", la redujo a mera naturaleza, negándole el espíritu.
De esa fricción nació la revista SUR como resistencia de-colonial. En Barrunto, el "Profesor" opera bajo esa misma lógica. Utiliza su intelecto no para iluminar, sino como una plataforma de poder para despotricar y cosificar a Selene. Es un patrón recurrente del machismo ilustrado: el uso de la palabra y el prestigio académico como herramienta de abuso.
Escribo esto desde la transparencia y la incomodidad. La experiencia de la obra es cruda, visceral e intensa. Actúa como un filo hacia la propia mirada. Me interpela directamente porque escribo como alguien atravesado por la violencia estructural de nuestra sociedad.
No soy ajeno a ella; reconozco en mí mismo las huellas de esa educación y esos mandatos que, a menudo, reproducimos por inercia cultural. Ver al "Profesor" en escena es ver el espejo de las masculinidades hegemónicas en Paraguay. Es ver cómo quienes ostentan un espacio mínimo de poder lo utilizan para tomar ventaja. Lo cotidiano en la obra se entremezcla con lo abyecto como un parpadeo, revelando la monstruosidad escondida en la "normalidad".
Barrunto instala un dispositivo escénico necesario que debería ser consumido predominantemente por un público masculino. Es a nosotros a quienes debe llegar la conmoción. Como diría Carmen Soler: "hay una voz que nos llama... respondamos". Es la voz que nos pide abandonar el camino de la autodestrucción y dejar de lado las sutilezas si pretendemos deconstruir las capas de esta masculinidad tóxica que nos envuelve.
Se ha dicho que en Paraguay, solo Josefina Plá tiene la autoridad para ciertas palabras, pero tomo prestado su espíritu para cerrar. "Quisiera des-decirme, saber dónde buscarme. Quisiera ser el filo de la cuchilla que me corta y saber lo que ella siente".
Si eres hombre, te invito a verla. Te invito a romper el velo de la mirada. Quizás, detrás de las ruinas del edificio Staudt y de nuestras propias historias, pueda filtrarse la claridad necesaria para imaginar un mundo diferente.
Nota de edición
"Barrunto" tendrá su última función este jueves 29 de enero, a las 20:30 hs., en el Espacio Cultural Staudt (Iturbe 333 esq. Mcal. Estigarribia). Para reservas, contactar al 0971 159 555.
* Fernando Colman (1990) trabaja en investigación en arte contemporáneo para Curatoría Forense Latinoamérica y en comunicación digital. Ha realizado diplomados en Antropología del Arte (LATIR, México), Arte aplicada a la Sociedad (Überbau_house, São Paulo). Colabora con Trabajadores de Arte Contemporáneo y Experimental Photo Festival (Barcelona).