Agenda CulturalMiércoles clásicos

"Alemania, año cero", de Roberto Rossellini, en Cine de Barrio

Obra cumbre del neorrealismo, retrata la devastación de la posguerra en Berlín a través de Edmund, un niño arrastrado a la tragedia por la miseria y la influencia nazi. Se proyecta este miércoles a las 19:00 en la sala alternativa de Las Mercedes

19 Agosto de 2025
19 Agosto de 2025
"Alemania, año cero" (1948), de Roberto Rossellini.
"Alemania, año cero" (1948), de Roberto Rossellini. Fotograma

Este miércoles 20 de agosto, a las 19:00 horas, se proyectará Alemania, año cero(Germania anno zero), de Roberto Rossellini, como parte del ciclo "Miércoles clásicos". Estrenada en 1948 y rodada en Berlín, la película —de una hora y 14 minutos— es una pieza mayor del neorrealismo italiano. Será en la sala alternativa del barrio Las Mercedes

La obra integra la trilogía de la posguerra del director, junto con Roma, ciudad abierta y Paisà, realizadas en Italia. Rossellini desplegó en la película un rigor austero: filmó en locaciones berlinesas, trabajó con intérpretes locales no profesionales y buscó transmitir la realidad de Alemania un año después de su destrucción casi total en la Segunda Guerra Mundial. El resultado ofrece imágenes dramáticas de la ciudad bombardeada y de la lucha humana por sobrevivir tras la caída del régimen nazi, mientras explora la herida que el nazismo dejó en una generación condensada en su protagonista infantil.

La acción se sitúa en una Berlín devastada y ocupada por tropas aliadas. Edmund, un chico de 12 años, intenta sostener a su familia vendiendo objetos de valor en la calle. Su padre, muy enfermo, requiere reposo constante, y su hermana carga con una acusación falsa de prostituirse con soldados extranjeros. Empujado por la precariedad, Edmund se acerca a un grupo de jóvenes delincuentes y a una joven huérfana sexualmente precoz. En sus deambulares se reencuentra con un antiguo profesor, el señor Enning, a quien Rossellini retrata como un pedófilo por el modo en que exagera su interés y las caricias al muchacho. El docente le pide que venda en el mercado negro un disco con un discurso de Hitler y le entrega a cambio un objeto de igual valor. Cuando el deterioro del padre se agudiza, Edmund vuelve a buscar consejo. Enning le responde que, en tiempos de tanta dificultad, debe imperar la ley del más fuerte y que sería mejor que el enfermo muriese. Ese discurso, teñido de ecos nazis, sumado a las quejas del propio padre, que se siente un estorbo, lleva al niño a concluir que su deber es matarlo, y lo envenena. Edmund confiesa lo ocurrido; Enning escucha con horror, lo expulsa de su casa y niega toda responsabilidad.

Solo y errante, el chico recorre la ciudad. Los otros niños lo rechazan; al pasar junto a una iglesia, agacha la cabeza con pesadumbre. Llega a su calle en ruinas, sube a lo alto de un edificio destruido y juega con una piedra como si fuera una pistola, simulando un disparo en la frente y repitiendo los sonidos de la guerra. Desde allí observa la llegada de un camión que retira el cuerpo de su padre. Sus hermanos, sin saber dónde está, lo llaman a gritos para que acuda al entierro. Edmund no responde. Se aparta de la ventana, ellos se marchan, y el niño vuelve a asomarse para mirar una última vez su casa antes de arrojarse al vacío.

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